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Culto de Apertura

XXII Conferencia del Espíritu Santo y la Familia
La Salud Espiritual del Discípulo”6 de noviembre de 2009 
Dr. Mizraim Esquilín

Salud espiritual: muros de salvación y puertas de alabanza

Isaías 60:18-22

Hablar de salud espiritual es hablar de uno de los conceptos más ricos y hermosos que existen en todo el cuidado pastoral.  Algo que a mí me llamaba la atención es que esta iglesia ha servido como fundamento para muchas decisiones extraordinarias que nosotros, en carácter individual y en carácter colectivo, todos los que hemos ocupado este púlpito, hemos tomado en algún momento programas que nos han arrebatado, nos han apasionado, los hemos llevado a nuestras iglesias.  Pero algo también que nos llama la atención es la forma en que Dios ha tratado con esta casa, y quiero dejar esto de entrada plasmado en tu corazón.   

Entiendo, si mis notas son correctas, que en mi cuarto año en este púlpito el Señor le habló a esta iglesia, y algo que le dijo ese año es que tenía que estar preparada para los tiempos que iba a enfrentar.  Primero porque el desarrollo económico de Panamá sería un desarrollo nunca antes visto en la historia, no solamente de este país, sino de toda Latinoamérica, que las formas y maneras en que Dios iba a tratar con este país  lo iba colocar en el sitial, la cabeza de todo los pueblos, pero con eso vendrían también unos dolores de cabeza, unos problemas que nosotros le llamamos aquel día, “facturas”, unas facturas que tendrían que ver no solamente con el costo de vida, sino con excepciones que se iban a dar, diferencias, separaciones, fragmentaciones entre los que podían y los que no podían, y con esto también costo sociales: alzan en la criminalidad, alza en los problemas sociales.  Y cuando usted mira los periódicos y los medios de comunicación masiva de este país a la distancia, usted se da cuenta de que esa palabra, más que cumplirse, ha sido validada por la realidad que ustedes han experimentado.  Pero Dios le dijo a la iglesia en ese cuarto año algo que a mí todavía me sacude el corazón, y yo lo compartí con su pastor rector cuando estuvo acompañándonos en el funeral del doctor Roberto Amparo Rivera.  Ese año el Señor la dijo a la iglesia: “Tienes un tiempo de preparación, porque cuando ese tiempo se cumpla, tienen que estar listos para estar en la calle cumpliendo con sus responsabilidades, y la señal será ésta: La ciudad va a temblar”.  No es noticia para ningún panameño que esta ciudad ya  tembló.  Y a mí lo que me place es entender que esta iglesia está lista para estar en la calle.

 Ahora, ¿qué hacemos al tirarnos a la calle?  Tenemos que predicar salud espiritual.  Y, ¿qué es salud espiritual?  Salud espiritual, en las definiciones que usted va a escuchar a lo largo y ancho de toda esta conferencia, es una mezcla de buenos muros de salvación, bien definidos, bien establecidos, y puertas de alabanza.  No es otra cosa.  Y la pregunta que se harán los puristas que hay aquí esta noche, es: ¿Y cómo comemos muros de salvación y puertas de alabanza, de cara a un país donde hay violencia, donde hay quebrantamiento y donde hay destrucción?  Yo me hice esa pregunta y el Espíritu lo que me dijo fue: “Tienes que mirar el texto”.  Y el verso 18, usted va a encontrar que dice: “Nunca más se oirá en tu tierra violencia, destrucción ni quebrantamiento en tu territorio, sino que a tus muros llamarás salvación y a tus puertas alabanza”.  Si mis muros se llaman salvación y mis puertas se llaman alabanza, no hay espacio para la violencia, para la destrucción ni para el quebrantamiento en mi país, en mi comarca, en mi ciudad, en mi barrio, en mi familia, en mi corazón.  Si hay violencia, si hay destrucción, si hay quebrantamiento en mi país, en mi provincia, en mi ciudad, en mi hogar, en mi corazón, faltan muros o faltan puertas. Yo creo que usted entendió el sermón que dice que la oportunidad que Dios le ha dado a la iglesia de trabajar con los males sociales que hay fuera de estas puertas, trasciende la autoridad y la capacidad que tiene el excelentísimo señor presidente de este país, trasciende la capacidad que tiene el congreso con sus senadores y diputados, trasciende la capacidad que tiene cualquier agencia de seguridad, trasciende la capacidad que tiene cualquier institución sin fines de lucro por capacidad económica que ésta pueda tener, porque esta Biblia que tú y yo leemos, dice: En las manos a quienes Dios le ha dado la capacidad de erradicar violencia, destrucción y quebrantamiento de nuestros países es de la iglesia del Señor, una iglesia que conoce sus muros y conoce sus puertas.   

Hablar de puertas de alabanza es hablar de algo que nosotros hacemos para celebrar, y de manera disparatada, alguna gente en la carretera lo usó para guerrear, para pelear.  Y de hecho, fuimos cien centeneras de nosotros los que caímos en la trampa de comprar libros de guerra espiritual, porque había que hacer batalla y había que hacer guerra.  Y a mí me llamaba mucho la atención cuando leía los libros y veía lo que la Biblia decía, porque lo que la Biblia dice y lo que esos libros dicen no se parece.  Yo no sé si su Biblia dice esto, pero la mía dice que Cristo venció todos los demonios, todas las potestades y todos los principados en la cruz del calvario.  Entonces a nosotros nos venden unos libros donde nos dicen que tenemos que ir a pelear con demonios, con principados y potestades que están vencidas.  ¿Usted no cree que es una pérdida de tiempo?  Entonces, si la alabanza no es para guerra espiritual y la alabanza es mucho más que para celebrar, ¿cómo usamos la alabanza como una puerta que acabe con la violencia, que acabe con la destrucción y acabe con el quebrantamiento?  Esa es una gran pregunta.  Y cuando yo voy a los modelos bíblicos, me encuentro que constantemente el proceso de alabar al Señor cancela las batallas, porque Dios se hace presente y pelea por nosotros.  Los modelos de alabanza invitan a una intimidad y a un coloquio personal e íntimo, con la persona de Dios y el Espíritu Santo, que cancela las violencias, los quebrantamientos y las destrucciones internas y me proyectan a mí con un testimonio vivo de cambio, de transformación, de vida abundante, porque cuando yo canto en la iglesia, canto al lado de alguien que está cantando conmigo, pero cuando yo puedo alabar al Señor fuera de estas puertas, estoy cantando en presencia de gente que no sabe lo que es Dios, y yo se los voy a hacer conocer porque Dios se hace presente en medio de la alabanza. 

Cuando yo canto fuera de estas puertas frente a mis dolores, a mis temores, a mis necesidades, a mis crisis, a mis ansiedades, a mis fuentes de angustia, yo le estoy diciendo al que no conoce al Señor, que Alguien más grande que mi dolor, Alguien más grande que mi angustia, Alguien más grande que mi pena, Alguien más grande que mi conflicto está conmigo y yo merezco hacerle un espacio para adorarle, para bendecirle, para darle glorias a Su nombre.   Alguien me dice en un aparte: “¿Y qué hacemos con los discapacitados, pastor?”   Acabo de venir de la tercera conferencia norteamericana de Alzheime, se celebró en Puerto Rico, y la tesis que presenté fue sencilla: Los pacientes de Alzheimer tienen todo el mecanismo cerebral en función para poder disfrutar, al igual que cualquier ser humano normal, de la experiencia espiritual que se produce en la alabanza.  Y lo indudable es, en donde la presencia de Dios se deja sentir en el cerebro, no hay placas amignoides, no hay madejas de neurofibrillas que puedan impedir que la canción de Dios active lo que hay que activar en el cerebro cuando nosotros cantamos al Señor.  Pregúntese usted: ¿Por qué un paciente de Alzheimer tiene la capacidad de perder de su memoria el nombre de un hijo, pero se acuerda de las canciones que cantaba cuando tenía antes de catorce años?  Dios ha hecho algo maravilloso, no importa qué capacidad o qué incapacidad tú tengas, si tú te entregas en las manos del Señor, Dios pone en tu corazón una nueva alabanza y puedes provocar que el mundo venga a los pies de Cristo. 

Alguien preguntaba en alguna nación de nuestros seminarios: Dios debe ser narcisista, verdad pastor... porque siempre está pidiendo que le alabemos.  Y le dije: Si miramos superficialmente los textos nos puede dar la impresión de que es un Dios prepotente, arrogante y narcisista, este al que le servimos.  Pero cuando miramos Su naturaleza, Su personalidad y Sus características nos damos cuenta que lejos de todos eso está la verdad de Dios.  Un Dios que se inclina a mirar en el polvo de la tierra, un Dios que se levanta de Su trono y mira en el muladar a Mizraim para levantarlo y hacerlo sentar con los príncipes del pueblo, ¿qué clase de Dios tenemos?  Siendo un Dios que tiene esa dignidad y puede inclinarse a mí, ¿entonces por qué pide tanto que le alabemos?  Porque la alabanza, más que favorecer a Dios, te ayuda a ti y me ayuda a mí.            

Salmos 47:1-7

Ese salmo tiene una frase que se ha usado por muchos especialistas en el campo de la adoración, y a mí me preocupa el uso que le dan.  La alabanza como una herramienta para vencer la violencia, el quebrantamiento y la destrucción en la tierra, dice: “Porque Dios es el Rey de toda la tierra; cantad con inteligencia”.   El término que se traduce como “inteligencia”, es el concepto hebreo “sakál”, que puede ser traducido de muchas formas y yo la voy a utilizar de manera directa para que usted lo pueda entender: Cantad con circunspección.  Circunspección es la capacidad de responder correctamente en cualquier situación; es cantar la canción adecuada y correcta en el momento correcto.  Cantar con “sakál” es cantar con prudencia.  Si cantas de manera imprudente, no estás cantando con “sakál”.  Cantar con “sakál”, que aquí se traduce como inteligencia, es cantar con la capacidad de hacerle entender a otros, con la capacidad que produce en ti un buen comportamiento  -se usa 63 veces en el A.T. y dos veces en Josué 1:7 y 8-,  de lo que está hablando es de recibir del Espíritu una inteligencia espiritual, una capacidad celestial para que Dios te inspire a cantar lo que hay que cantar, cuando hay que cantarlo, y porque hay que cantarlo para la gloria de Dios. 

Tu salud espiritual depende de que cantes con “sakál”.  Es la experiencia que Dios le da a alguien (y voy a decirlo con propiedad y corrección) porque ha estado metido en intimidad con Dios.  Esa canción detiene la violencia, esa canción paraliza el quebrantamiento, esa canción anula la destrucción que amenaza tu país.  ¿Habrá alguien que quiera sobre Panamá un territorio sin violencia, un territorio sin destrucción, un territorio sin quebrantamiento?   Ahora, esas son las puertas.  Los muros son más importantes, y el muro se llama salvación.  Y hablar de salvación es hablar de Cristo, es hablar de la doctrina sana que hay en Cristo Jesús, es hablar de la experiencia sana que hay en el mensaje del Evangelio.  He aquí la munición de este sermón para toda esta iglesia: Panamá ha estado por los últimos  años sintiendo los efectos de un Evangelio licuado y de un cristianismo que no huele a Cristo, con pastores y predicadores oportunistas que, como decía el Dr. Barlock esta mañana, se han olvidado de que son siervos, de que son nodrizas, de que son padres y que han venido a servir al Señor, y han metido toda clase de basura dentro de la experiencia evangélica de este país, y ellos pierden de vista que ellos también son ovejas y tienen que darle cuentas al Rey de reyes y Señor de señores.  Se inventan toda clase de sortilegios y de manipulación de la mente y del corazón de un pueblo, llevándolo a técnicas que tienen que ver hasta con el oscurantismo y con las prácticas de sectas religiosas que hoy están demandadas en Francia, en California, en Nueva York, y sin ningún crédito. 

El problema es que tú y yo le hemos abierto las puertas a un sinnúmero de hombres y mujeres que nunca pudieron satisfacer sus sueños en la vida secular e hicieron de los púlpitos una extensión de  sus anhelos y de sus deseos, y han convertido el altar en una proyección de lo que ellos quieren ser, de los aplausos que quieren recibir, del apoyo y del levantamiento y de reconocimiento que quieren tener.  Y nosotros hemos cometido el error de darle ese aplauso, de darle ese espacio, y hasta de financiarle su proyecto.  Iglesia, ¡basta ya!  Párate sobre tu fe, párate sobre tu fundamento.  Tus muros se llaman salvación.  El mensaje es de Cristo, el mensaje es de la cruz, el mensaje es del servicio, el mensaje es de ser siervos de Cristo; apóstoles no, siervos de la cruz por encargarse del mensaje de la salvación. 

Cuando usted mira de cerca el proceso psicológico de muchos de estos hombres y estas mujeres (y no me canso de repetirlo), encontrará que la mayoría de ellos se han hecho adictos a la manipulación, adictos al poder, adictos a reconocimiento, adictos a las tablas, adictos a la buena vida.  Yo no tengo ningún temor en decir estas cosas porque desgraciadamente, algunos de los que estamos aquí invitados, formamos parte de equipos de trabajo para la restauración de muchos de ellos cuando se caen.  Y los informes psicológicos que vienen de las escuelas a donde los enviamos, nos dicen: Cuídense de la manipulación, cuídense de las adicciones, cuídense de los dolores que no se han podido quitar de encima.  Se está acercando un momento en que usted y yo vamos a tener que pensar bien, si la razón por la que hay violencia, quebrantamiento y destrucción en nuestros territorios, no es tanto por la fragmentación social que la sociedad está viviendo, sino porque nosotros hemos permitido que esos secuaces (yo soy responsable de mis palabras), esos bandidos sean los que estén dictando por radio y por televisión cuál es el mensaje de salvación que se predica. Tome su Biblia: Esta es su regla de vida, esta es su regla de fe.  Si no está aquí, no sirve.  Y no es porque le expliquen cuatro textos amarrados, aun con una musiquita especial para que usted se hipnotice. 

Tiene que venir sobrio, con la Palabra de vida que restaura, que cambia, que alumbra, que anuncia que hay un nuevo día.   Cuando los muros se llaman salvación, y el mensaje es un mensaje correcto y completo, Dios cambia a los asesinos, Dios cambia a los pillos, Dios cambia a los adictos, Dios cambia a los maltratantes de esposas, Dios cambia a los abusadores de niños, Dios cambia a los que están cometiendo crímenes de cuello blanco, Dios cambia a los que tienen vocabulario soez, Dios cambia a los que viven desapercibidos e indolentes de todos los malestares y dolores de la vida, Dios se mete en el corazón de un pueblo y lo transforma para la gloria de Dios.  Yo quiero que lo entiendas, iglesia: Tus muros se llaman salvación, tus puertas se llaman alabanza.  Cuando los muros no se llaman salvación y las puertas no se llaman alabanza, vivimos sin límites ante el relativismo de la vida, con modelos que sólo promueven el status-quo y, definitivamente, al final de las cosas, caos, dolores y quebrantos.  Si no queremos hacer este ejercicio de levantar muros de salvación y puertas de alabanza por la generación actual, estamos obligados a hacerlo por la generación que se levanta, para asegurarnos que la patria, la nación que ellos reciban pueda ser una nación, una patria que se respete a sí misma y sea digna de vivir en ella.  Te pregunto, iglesia, padres, madres, abuelos que están aquí: ¿En tu casa, tus hijos conocen el muro de salvación? ¿conocen la puerta que se llama alabanza?  Los muros no solamente protegen, establece límites, hasta dónde podemos llegar, de qué áreas no nos podemos descubrir y descuidar. Yo soy amigo de pensar que esta generación no tiene alternativa.  Pero estoy convencido que la iglesia tiene en las manos, no solamente la capacidad para erradicar la violencia, el quebrantamiento y la destrucción en este tiempo; tiene la capacidad de buscar una generación que enfrente a un Panamá, que tú y yo pensamos que podría ser tan hermoso y tan lindo, sólo por la gracia y la presencia de Dios.Lo que te estoy diciendo parece utopía, pero no lo es.  Lo estamos viendo en diferentes lugares del planeta donde chicos y chicas se están decidiendo a orar y manifestar el poder, y hablar del amor y la gracia de Dios, por encima de todas las cosas. 

Los estamos encontrando en universidades, los estamos encontrando en centros de trabajo, los estamos encontrando en centros de estudio postgraduados, donde hay gente que es capaz de decir: El mensaje que tengo no lo voy a mantener oculto, porque créelo, en Cristo hay salvación, y en Cristo hay alternativa para tu vida y para la vida de tu familia.  Y lo estamos viendo de cerca en el comportamiento de jóvenes, de doncellas, de niños y de niñas que no tienen temor de levantar las manos y decir: Cristo es mi Señor, Cristo en mi Salvador.   Pero, ¿por qué esto no se multiplica?  Aquí está el reto de esta noche: Porque hace falta que en tu hogar, en tu familia, esos muros estén establecidos, esas puertas estén definidas, tus hijos lo conozcan, no solamente porque tú lo puedes proclamar, porque tú lo vives para la gloria de Dios.  Desde la cuna hay que enseñarles que hay muros que se llaman salvación y hay puertas que se llaman alabanza.  Es mi oración que el año que viene, cuando nosotros regresemos a esta conferencia, haya un coro de niños en esta casa a cantar como parte de la conferencia, y hagamos una lección extraordinaria de lo que son las puertas de alabanza y lo que son los muros de salvación.   Y, ¿por qué no?  Padres con testimonios extraordinarios de lo que Dios está haciendo en su casa, con los suyos, con su vecindario con muros que se llaman salvación y puertas que se llaman alabanza. 

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